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La escalada


Después de tantos meses de sequía, las últimas semanas son de abundancia y buena cosecha. Parecía que el sol inclemente del invierno no iba a dar paso nunca a esa fresca lluvia de primavera que reverdece los campos, pero el agua siempre llega y el Athletic parece otro a pesar del paréntesis con derrota en San Mamés frente al Real Madrid. Centrados sólo en la Liga, los rojiblancos saben que no les queda otra, y que no se pueden distraer con cuestiones ajenas a la Liga. Fuera del foco Europa, sólo cuenta la competición doméstica. Con las zapatillas de andar por casa tiene que ganarse el Athletic las alubias, y lo está consiguiendo con buen rendimiento. Las victorias en Anoeta y El Sadar valen oro.

El de El Sadar era un partido-trampa de manual. Osasuna, salvo mediación de la Virgen de Fátima, la de Lourdes o las dos actuando de manera mancomunada, está sentenciado al descenso. Un equipo que sólo ha ganado un partido de Liga, que todavía no ha podido vencer en su campo y que ve como cada semana se aleja la frontera de la salvación, puede hacer dos cosas: una, bajar los brazos y dejarse llevar; otra, pelear con dignidad hasta final de temporada, sin mirar la clasificación. Y eso es lo que han elegido los rojillos, al menos por ahora, que ya habrá tiempo para el desánimo y la desesperación. Además, se trataba de un choque frente a un rival de toda la vida, que ha hecho tantos viajes a Pamplona para jugar como para reclutar futbolistas. El Athletic sabía que no podía descuidarse.

Y durante muchos minutos estuvo muy atento, presionando, robando la pelota y manejándola con criterio. Buscaban los hombres de Valverde algún punto débil, que los tiene Osasuna, y bastantes para su desgracia. Los hombres de Vasijlevic planteaban un duelo áspero que los bilbainos aceptaron, como no podía ser de otra forma, para intentar llevarse los tres puntos.

Y en el minuto 12 hallaron esa brecha que buscaban. Williams, muy motivado, jugando en la ciudad en la que se crió, recibió en la línea de fondo, casi en el banderín, aguantó a dos rivales y observó el desmarque de Óscar De Marcos, otra vez valioso, en una zona del área letal e incomprensiblemente deshabitada. Recibió el alavés y al primer toque la puso al punto de penalti, desde donde Aduriz fusiló a Sirigu para marcar el 0-1.

A los navarros le dolió el rejonazo rojiblanco y durante unos minutos apretaron con rabia por donde se movía el eslabón más débil del Athletic, Eneko Bóveda, que completó un partido para hacérselo mirar. Tuvieron un par de ocasiones que Arrizabalaga desbarató. Luego se desinflaron porque Beñat volvió a tomar la brújula mientras Williams buscaba diagonales y ponía los pelos de punta a los defensas rivales. En una de esas, al filo del descanso, fue otra vez De Marcos el que apareció para servir la pelota al delantero, que se plantó solo ante Sirigu y le batió a pesar del resbalón. Quedaba un minuto para el descanso y Osasuna, que sólo había inquietado en un envío largo en el que De Las Cuevas se quedó sin aire, parecía facturado.

Y más cuando se vio tras la pausa que el Athletic tomaba el mando, escondía la pelota y buscaba alguna acción letal que finiquitara el partido. Pudo llegar en alguna acción aislada de Williams, o en un par de Aduriz. En una Sirigu consiguió tocar el balón para desviarlo a córner; en otra, el delantero rojiblanco lo hizo todo bien: desmarque, regate y disparo, pero la pelota se marchó rozando el poste.

Fue Osasuna, sin embargo, el que marcó. Ya habían explorado varias veces la espalda de Bóveda, y en el minuto 80 Sergio León lo hizo de nuevo. Burló al central rojiblanco y batió por alto a Kepa. Luego al Athletic le tocó gestionar la ansiedad de los minutos finales. Con Mikel Rico en el campo, lo consiguió con bastante solvencia para llevarse los tres puntos de Pamplona y escalar muy cerca ya de los puestos europeos.


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