top of page

GIRO DE ITALIA 2017 21ª etapa: MONZA-MILÁN 29 KMS (CRI). 

Tom Dumoulin celebra su victoria en el Giro de Italia 2017

GIRO DE ITALIA

Un Giro muy apretado

Tom Dumoulin se impone a Nairo Quintana por 31 segundos después de 21 días de carrera

CLASIFICACIÓN DE LA ETAPA

 

1. Jan Van Emden (HOL) 33’08’’
2. Tom Dumoulin (HOL) a 15’’
3. Manuel Quinziato (ITA) a 27’’
4. Vasili Kiryienka (RUS) a 33’’
5. Joseph Rosskopf (USA) a 35’’
6. Jan Barta (CHE) a 39’’
7. Georg Preidler (AUS) a 51’’
8. Bob Jungels (AUS) a 54’’
9. Jan Tratnik (POL) a 57’’
10. Amador Andrey (CRC) a 1’02’’

CLASIFICACIÓN GENERAL

1. Tom Dumoulin (HOL) 90h34’54”

2. Nairo Quintana (COL) a 31”

3. Vincenzo Nibali (ITA) a 40”

4. Thibaut Pinot (FRA) a 1’17”

5. Ilnur Zakarin (RUS) a 1’56”

6. Domenico Pozzovivo (ITA) a 3’11”

7. Bauke Mollema (HOL) a 3’41”

8. Bob Jungels (LUX) a 7’04”

9. Adam Yates (GBR)”

10. Davide Formolo (ITA) a 15’17”

Un apretón a destiempo y un despiste de colegial. Los errores de Tom Dumoulin al final pesaron menos que sus aciertos. Si el sábado bajó al cuarto puesto de la General fue para coger carrerilla, porque el domingo ascendió al Olimpo del ciclismo con su victoria junto al Duomo milanés. Fue un gran día para el deporte neerlandés, que sumó la primera victoria en las cien ediciones de historia del Giro.

Mi primera vez, ya lo he contado, fue en el Giro de 1994. Aún recuerdo el último día. Primero acudí a la rueda de prensa de Miguel Indurain, que aceptó la derrota sin poner ni un pero. Después perseguí su coche por las calles de Turín, lloviznaba, y me salté varios semáforos en ámbar. No era una persecución periodística sino de supervivencia, para conseguir llegar a la salida en tiempos en los que el GPS sólo era un adelanto militar. La etapa partía de la antigua fábrica de Fiat, que tiene un autódromo en la azotea.

 

Ya en Milán, tras la etapa, fue Eugeni Berzin quien dio el mitin. Se iba a comer el mundo, decía. Y cumplió con su palabra. Dos o tres años después pesaba el doble. Cuando fui al hotel para mi última noche, el alojamiento estaba rodeado de policías. Me enteré en la recepción: allí también dormía el Dalai Lama. Gustos austeros, era un Novotel, nada del otro mundo. A la noche, cuando buscaba un restaurante por el centro de Milán, me encontré a Miguel Indurain y a su mujer, Marisa, sentados en una terraza de las Galerías Víctor Manuel II. Celebraban el reencuentro lejos de la línea de llegada.

La última vez que acudí ya había GPS. Alberto Contador estaba en la cresta de la ola. La penúltima noche coincidí en su hotel. Tenía su habitación junto a la mía. Estuvimos charlando un rato en la puerta. Después de unos Dolomitas interminables, el madrileño estaba a una contrarreloj de ganar la carrera. La meta estaba exactamente en el mismo lugar que esta vez. Acabó con casi dos minutos de ventaja sobre Ricardo Riccó, otro que se iba a comer el mundo. Alberto ganó ese Giro al estilo Indurain, sin ninguna victoria de etapa. En la rueda de prensa posterior estaba Macarena, –entonces su novia–, a la que no dejaban pasar hasta que alguien le dio una acreditación que le sobraba. 

Han cambiado los tiempos, incluso menos de una década después. La novia de Dumoulin estaba junto a él en la carpa de los vencedores, invitada por la organización. Ahora las mujeres son bienvenidas. Mucho más atrás en el tiempo, Josiane, la mujer de Luis Ocaña, tuvo que falsificar un pase para poder saludar a su marido en el Tour de 1973 que ganó el ciclista español.

Ahora ya no hay problemas de ese tipo. las novias y las mujeres comparten espacios. Salvo en la carretera, en la que terminó uno de los giros más apretados de la historia. Dominó Dumoulin, pero las diferencias entre los favoritos fueron escasas, en tiempos y en fuerzas. Nadie pudo dar un golpe sobre la mesa. La carrera se decidió por detalles.

 

Entre Monza y Milán a Dumoulin sólo le ganó Jos Van Endem en la contrarreloj final a la que llegaron gripados los motores de los primeros de la clasificación, incluido el ganador final que observaba nervioso los últimos kilómetros de NIbali y Nairo Quintana antes de celebrar, feliz, su primer triunfo en una gran vuelta por etapas.

 

En condiciones normales, es decir, sin que la última semana hubiera machacado a los corredores con un trazado agotador, posiblemente la diferencia entre Dumoulin y Nairo Quintana hubiera sido mayor, pero el castigo dolomítico pasó factura a las piernas del ganador que, no obstante, ya era el gran favorito antes de tomar la salida, a primera hora de la tarde.

Claro está que es difícil encontrar "condiciones normales" en una carrera de tres semanas en la que los imprevistos se cruzan en la carretera en cualquier momento.  En el último escalón era cuestión de contener los nervios y exprimir el cuerpo. Más o menos como en la última semana con las montañas de por medio, donde el neerlandés exhibió una capacidad de resistencia fuera de toda duda.

Él siempre se ha definido como un contrarrelojista que aguanta bien la montaña, así que se mentalizó para aguantar el desgaste al que le iban a someter sus rivales, en especial Nairo Quintana y Vincenzo Nibali. Por lo que se ha visto, ninguno de los dos llegó al nivel  de excelencia de otras carreras, imprescindible para ganar un Giro. Fue Dumoulin el que estuvo superlativo, y que sólo dilapidó su ventaja el día que sufrió el apretón intestinal cuando los favoritos afrontaban la subida final al Stelvio. Ese incidente le pudo hacer perder el Giro: el resto de las montañas no.

Dumoulin siempre contó con la ventaja emocional de la contrarreloj entre Monza y Milán, que era una amenaza para Nairo, Nibali o Pinot. Supo mantenerse a la distancia justa, sin cebarse en el pedaleo de los demás, para minimizar los daños en los Dolomitas. Ni siquiera caer al cuarto puesto, con las diferencias tan exiguas, era un peligro para su intención de ganar.

Sólo le faltaba saber cómo le respondería el cuerpo tras 20 días de castigo; y su físico le aguantó bien. Lo suficiente como para poner a cada cual en su sitio. Cuando a falta de 250 metros para que Nairo llegara a la meta, su tiempo era ya inalcanzable, se levantó de la silla, apretó los puños y besó a su novia, feliz. "Esto es una locura". Y tanto.

bottom of page