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GIRO DE ITALIA 2017 Tercera etapa: TORTOLI-CAGLIARI (148 KMS.)

El colombiano Fernando Gaviria, entra como vencedor al sprint en la meta de Cagliari.

FOTO QUICK STEP

Gaviria, otra vuelta de tuerca

El colombiano gana después de que el Quick Step provocara un abanico por el viento

CLASIFICACIÓN ETAPA

 

1 Fernando Gaviria  03:26:33

2 Rüdiger Selig m.t.

3 Giacomo Nizzolo m.t.

4 Nathan Haas m.t.

5 Ariel Maximiliano Richeze m.t.

6 Konstantsin Sivtsov a 00:03

7 Bob Jungels a 00:03

8 Caleb Ewan a 00:13

9 Sacha Modolo a 00:13

10 André Greipel a 00:13

CLASIFICACIÓN GENERAL

1. Fernando Gaviria 14:45:16

2. André Greipel a 00:09

3. Lukas Pöstlberger a 00:13

4. Bob Jungels a00:13

5. Konstantsin Sivtso a 00:13

6. Caleb Ewan a 00:17

7. Roberto Ferrari a 00:17

8. Ryan Gibbons a 00:23

9. Enrico Battaglin a 00:23

10. Sacha Modolo a 00:23

Cuando los ciclistas colombianos aparecieron por Europa, respondían a un estereotipo. Parecían todos salidos del mismo molde. No tenían demasiada experiencia en circular en pelotones masivos, a veces parecían torpes sobre la bicicleta, temían las etapas llanas, las contrarrelojes y los descensos y se sentían felices subiendo montañas.

 

Ese era su hábitat natural. La decadencia de su país, el desorden y la anarquía que frenaron Colombia por culpa de la guerrilla y el narcotráfico, interrumpieron durante más de una década la aparición de escarabajos –que así se llamaban ellos mismos–, en las carreteras europeas, pero cuando la situación se estabilizó volvieron a aparecer. Era ya una generación 2.0, capaz de muchas otras cosas más que ascender montañas, encabezada por Nairo Quintana, un ciclista completo.

 

Pero el ciclismo colombiano escondía más sorpresas. Una de ellas emerge en las llegadas del Giro, se llama Fernando Gaviria y es el nuevo líder después de vencer en la tercera etapa, y por su edad, 22 años, parece destinado a ser uno de los llegadores de la próxima década.

 

Gaviria tampoco responde a otros tópicos del ciclismo colombiano. No ha tenido que luchar para salir de la pobreza como tantos otros corredores de su país. Proviene de una familia de clase media-alta. Fue patinador y practicó la equitación. Cuando vio el Tour por primera vez en televisión dijo que algún día lo correría. Ese día dejó los patines y cogió la bicicleta.

Gaviria es el líder y vestido de rosa será respetado. Un contraste con lo triste que es a veces observar el aparente desprecio con el que trata el pelotón a los participantes en una de esas fugas que no tienen ningún sentido y que pocas veces van a algún lado.

 

Suelen ser los cazados, ciclistas sin esperanza, agotados de pelear contra el viento, las montañas y el cálculo de los equipos que dirigen el gran grupo, con las piernas acalambradas y a menudo un gran vacío en el estómago. Para salvar su dignidad, cuando van en manada o en pareja, los hombres atrapados por el destino que dicta el pelotón, suelen representar ante las cámaras un gesto de camaradería con los rivales a los que hubieran asesinado -metafóricamente–, si hubieran tenido la oportunidad de llegar a disputar la victoria en la meta. Se dan la mano o una mutua palmada en la espalda antes de echar una última mirada con la ilusión de que la llegada del pelotón sólo sea un mal sueño.

Si los corredores circulan solos, como pasó camino de Cagliari con el esloveno Jan Tratnik, gesticulan al público y se resignan a ser engullidos por ese pelotón que se mueve y actúa como una ameba que, como explican los científicos, se alimenta por fagocitosis. Cuando Tratnik, sin dejar de pedalear, acabó con su calvario y buscó adaptar su ritmo al del pelotón, nadie se dignó mirarle, y si lo hizo fue por detrás de la coraza de las gafas oscuras. Según descendía hacia la parte trasera el pelotón se abría, como si fuera un apestado. Sólo entre los compañeros vestidos de naranja del CCC, su equipo, encontró consuelo.

Cazado Tratnik, ninguneado por el pelotón, hubo quien dio por amortizada la etapa. Quedaban 15 kilómetros y una llegada masiva, se suponía. Casi nadie contó con el viento de costado de las marismas de Cagliari, y con los abanicos que provocó el Quick Step, el equipo de Fernando Gaviria.

 

El líder, Greipel, que marchaba atento en cabeza, no se pudo enganchar al tren de seis vagones del equipo belga. Diez ciclistas se situaron en cabeza y consiguieron arrancar casi medio minuto de ventaja a un pelotón aterrorizado, fragmentado en varios trozos. El plan le salió perfecto al nuevo líder. Aunque los perseguidores recortaron diferencias a resguardo de las calles de Cagliari, Gaviria no tuvo problemas en superar a sus escasos rivales en el sprint, ganar la etapa, vestirse de líder y romper los tópicos.

 

El ciclista de La Ceja no es un escarabajo al uso, ligero y bajito, sino un llegador, con cuerpo de llegador y un corrector dental que da brillos plateados a su sonrisa de ganador. Gaviria le da otra vuelta de tuerca al éxito del ciclismo colombiano.

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